Horizontes ascendentes de humo:
Me desperté bañado en mi propio sudor, los rayos de luz empapaban la habitación llegando hasta mi cara, asfixiándome entre las sábanas. Me levanté, desnudo, y corrí la cortina buscando la penumbra. Regresé a la cama y la besé en la frente, hizo un gesto entre dulzura y desilusión y se enroscó en la sábana.
Alargue la mano y saque el último cigarrillo de entre los restos poco decorosos de lo que fue una cajetilla, fue entonces cuando ella se incorporo y tomó el cigarro como suyo, lo prendió lentamente y soltó una gran bocanada de humo.
La luz de la llama iluminaba sus pechos con cada calada y se podía adivinar su delgadez y sus curvas a pesar de las sábanas. Entonces la tome por la barbilla y la bese, y el cigarrillo se dejó caer al suelo mientras la tumbaba sobre la cama. Ella solo me abrazó y siguió besándome mientras mis manos intentaban bajar cada vez un poco mas abajo por aquella piel de terciopelo, pero no había nada, la magia de aquella noche se había ido y no se atrevería a volver a aparecer jamás.
Era la chica más bonita que haya visto jamás, más niña que mujer, pero más mujer que niña a su vez, y todo en ella me hizo no poder pensar en nada más.
Ahora tengo que vivir con su imagen en la cabeza, y con la exasperación de no volver a besarla nunca más, ella me dijo que éramos de mundos diferentes, yo sabía que podría haberme adaptado a cualquier mundo en el que ella estuviese a mi lado, supongo que, al final de todo, será solo otro número mas en el suma y sigue de mi cabeza…
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