lunes, 13 de septiembre de 2010

26-08-2010

Fusilamiento Interior:

Alguien me dijo alguna vez que soy un desecho de la sociedad, y saben, tenían razón, me gusta emborracharme, me gusta fumar y por dios que me encanta follar, se que soy un mujeriego, pero se más aún que amo o amé a todas las mujeres con las que he estado y me enamoré de ellas aunque sólo fuese por una noche. Se también que estoy vacío por dentro, frío calculador y tremendamente cruel, pero joder, se follar, sé hacer feliz a una mujer y sé hacer que su vida sea la mas maravillosa del mundo, solo que a veces, demasiadas veces, me pierdo en alguna parte en el camino, una parte que me asquea y me desquicia y me hace ver toda la infelicidad que el mundo vomita sobre mi.

Que tan maravilloso sería ver la vida con otros ojos, algo como estar todos los días colocado de anfetas y cocaína ahogando mi deshidratación con botellas de whisky barato, dilucidando lo que es verdaderamente importante. Pero lo que hay es lo que queda, yo mismo me hundo en mi propia mierda de egocentrismo y autodestrucción, ser inteligente es un castigo, te cuestionas demasiadas cosas demasiadas veces intentando hacer lo correcto para acabar jodiéndolo todo, y mi psicología barata ya desperdició toda su utilidad.

Recuerdo vagamente que estaba un poco más borracha que yo y que tenía el cruce de piernas más sexy que haya visto jamás, supongo que no tenía mejor plan esa noche porque me siguió sin rechistar. Mi casa más que una casa era una ratonera poco luminosa llena de humedades, en un barrio poco recomendable, repleta de ventiladores para amortiguar el calor.
La puerta se cerró tras de mi y no quise dar tiempo a mis ideas, la levante en brazos mientras nuestras bocas se fundían en una y la llevé torpemente hasta la cama, en la oscuridad. No fue de película ni mucho menos, pero nunca lo es, y la realidad siempre acaba siendo más excitante.
La desnudé lentamente, mientras me mostraba el sublime cuerpo desnudo que dejaba tras de si el vestido que la adornaba, mientras la dejadez de la luz de la ventana alteraba los efectos lisérgicos que extasiaban nuestras venas y empecé a besarla con ternura por todo el cuerpo, como se besa una primera vez, como esos besos que nunca se olvidan y fui bajando más allá de sus pechos hasta que por fin apagué mi sed en su fuego, mientras su juego de piernas apretaba mis ideas de placer.

No hay comentarios:

Publicar un comentario